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jueves, 5 de noviembre de 2015

La verdad sobre la carne procesada

Toda la polémica comenzó hace unos días cuando la OMS (Organización mundial de la Salud) colocó a las carnes procesadas en un grupo considerado como posible agente cancerígeno. De esta forma la carne procesada sería igual de peligrosa que el tabaco, la radiación solar o el plutonio.

Y para dejar las cosas claras ¿qué es exactamente la carne procesada? La carne procesada es toda aquella haya sido transformada a través de salazón, curado, fermentación u otros procesos para mejorar el sabor o la conservación. Estos aditivos y este procesamiento los que aumentan el riesgo de cáncer. Hablamos de hamburguesas, salchichas, tocino, salami, jamón y en general embutidos y enlatados. Debemos dejar claro que aquí la calidad de la carne no importa, ya que mejor o peor carne ambas han sido procesadas, que es donde radica el riesgo.

Aún no queda ahí el aviso, ya que las carnes rojas se han catalogado en la categoría de "sustancias probablemente cancerígenas". Con la carne roja hablamos de carne de vacuno, caballo, carne de caza (Jabalí, ciervo etc, aunque a veces toda la carne de caza se considera "carnes negras"), cerdo, cordero principalmente.

Con todas las alarmas que se han generado por este polémico anuncio, en realidad, ¿qué debemos saber?

Cuando la OMS publica sus informes lo hace tras realizar pormenorizados estudios y estando seguros 100% de los resultados. Por un lado ya era conocido que el consumo recurrente de carne procesada aumenta las posibilidades de sufrir cáncer de colon (Y se cree que la carne roja sin procesar también), lo mismo que sabemos que fumar aumenta las posibilidades de sufrir cáncer de pulmón.

Lo que sí ha comunicado la OMS es que no es comparable el volumen de riesgo de comer carne procesada, a por ejemplo fumar, aunque ambos productos se encuentren dentro del mismo grupo de riesgo.

Lo que tenemos que tener en cuenta que en la aparición del cáncer intervienen diversos factores, no solo si consumimos carne, si fumamos, bebemos alcohol, hacemos ejercicio de forma habitual e incluso el componente genético afecta.

La principal conclusión que podemos extraer es la moderación, moderación en el consumo. Ya sabíamos el riesgo que sufríamos con una ingesta alta de este tipo de alimentos: grasas, colesterol, patologías cardiovasculares etc. Lo que tenemos que hacer es consumir las carnes rojas es no consumir más de 500 gr a la semana e incluso hay organizaciones que recomiendan comer carne roja un par de veces al mes. En cuanto a la carne procesada se recomienda que se haga una vez a la semana.
Por su parte, la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan) ha pedido "prudencia" y ha aconsejado que el consumo de carnes rojas y procesadas no sea "más de dos veces por semana".

Las claves: moderación en el consumo de este tipo de alimentos, diera variada y ejercicio.

lunes, 13 de abril de 2015

¿Cuánto y cuándo comer carne?

A lo largo de los distintos post os hemos ido acercando los distintos beneficios de ciertas carnes blancas como la de pavo, conejo o pollo. Pero hoy os queremos acercar unos cuantos consejos sobre cómo deberíamos comer carne, todo tipo de carne, ya sea blanca o roja. Las carnes no debemos olvidar, son un componente esencial en nuestras dietas por la gran cantidad de proteínas, vitaminas y minerales que nos aporta. Debemos incluir su ingesta dentro de una dieta que sea variada y equilibrada.

La carne roja está formada por carnes de vaca, de buey, de toro, caza en general, así como las vísceras. Es más jugosa y aporta una cantidad importante de hierro por lo que es bueno para la anemia. Por contra contiene además una gran cantidad de grasas saturadas que conllevan el aumento del colesterol y riesgo al corazón y purinas que hacen subir el ácido úrico. Su consumo se debería reducir a un máximo de 3 veces al mes.

Por otro lado tenemos las carnes blancas: pollo, conejo, pavo. Recordemos que el cerdo y el cordero no están en ninguna clasificación puesto que depende de la edad del animal. Estas carnes son bajas en grasas y ayuda a mantener el colesterol a raya. Su consumo puede hacerse entre dos y tres veces por semana.